El Monasterio de Santa Cruz de Sahagún, León : Un legado vivo
Sumérjase en la fascinante historia del monasterio de Santa Cruz de Sahagún, cuna de tradiciones benedictinas y guardián de un patrimonio inestimable. Descubra su ilustre pasado, el trabajo minucioso de sus monjas y los secretos que alberga. Cada detalle aquí relata una parte del alma de Sahagún, invitándole a un viaje único entre la fe, la cultura y el saber hacer ancestral.

Las raíces profundas de una comunidad benedictina.
Fundado el 3 de abril de 1546 por doña Antonia Enríquez Orense, una mujer acomodada de Sahagún y futura primera abadesa, el monasterio de Santa Cruz cobró impulso rápidamente. No fue hasta 1547 cuando doña Antonia y otras mujeres profesaron sus votos, comenzando así la vida monástica. Tras haber utilizado inicialmente la iglesia parroquial para la liturgia, obtuvieron su propio lugar de culto. En 1556, su solicitud para integrar el carisma benedictino fue presentada a la Congregación de Valladolid y, aunque no fue aceptada hasta 1586, esta perseverancia marcó el inicio de una larga y rica tradición. En el siglo XVII, el monasterio fue el origen de nuevas fundaciones, como el Monasterio de la Encarnación en Madrid en 1623 (conocido como San Plácido) y, más tarde, el Monasterio de la Asunción en Zamora en 1961, dando testimonio de su vitalidad y de su irradiación espiritual.

Tradición y resiliencia: la labor de las monjas.
Tras la guerra civil, las monjas del monasterio de Santa Cruz, habiendo perdido su patrimonio, tuvieron que encontrar nuevas formas de subsistir sin interrumpir su vida litúrgica. Así, el 26 de agosto de 1958, comenzaron la fabricación de caramelos. En 1968, se construyó una hospedería, acogiendo a peregrinos y huéspedes. De 1976 a 1981, confeccionaron ropa de esquí para Indicosa. Hacia 1980, tras haber vendido su fábrica de caramelos, se orientaron hacia el chocolate (para "De todas maneras chocolate Lloveras") y los bordados. A partir de 1981, se especializaron en la confección de repostería y cosmética, una actividad que mantienen hoy con pasión. Cada "Producto de Monasterio" es el fruto de este saber hacer ancestral, de una resiliencia admirable y de una dedicación que perpetúa la excelencia benedictina.

El descanso eterno del rey Alfonso VI, el Bravo.
El monasterio de Santa Cruz tiene el honor de albergar los restos del rey Alfonso VI, el Bravo, así como los de tres de sus cinco esposas y de Zaida. Hijo del rey Fernando I, Alfonso VI unificó los reinos de León y Castilla en el siglo XI, tras haber superado disputas fratricidas y un exilio como monje. Su reinado (1072-1109) fue marcado por el avance de la Reconquista y el establecimiento del Camino de Santiago. Los restos del rey y de sus esposas, inicialmente inhumados en el monasterio de los Santos Facundo y Primitivo, fueron trasladados en secreto a Santa Cruz en 1835 por el abad de San Benito, tras la desaparición de aquel primer monasterio. Redescubiertos durante unas obras en 1908 y autentificados por estudios en 1910 y 1999, estos vestigios reales reposan hoy en una sepultura de mármol dentro de la iglesia del monasterio, un testimonio conmovedor de la historia.
"El Monasterio de Santa Cruz de Sahagún no es solo un refugio de silencio y oración; es el guardián de un legado que une la fe de nuestras fundadoras con el descanso eterno de reyes. Cada dulce que elaboramos y cada labor que realizamos es un tributo a nuestra historia, una forma de mantener vivo, con la misma devoción que en el siglo XVI, un saber hacer que trasciende el tiempo."
Las Benedictinas de Santa Cruz de Sahagun