El Monasterio de Santa María de Carmajal, León: Un legado milenario
El Monasterio de las Benedictinas de León le invita a un viaje único para descubrir sus orígenes, sus tradiciones seculares y los productos excepcionales que ha creado a lo largo de los siglos.
Sienta la profundidad de nuestra creación monástica y déjese llevar por el deseo de viajar y explorar un patrimonio vivo. Nuestros compromisos son: la calidad, la autenticidad y un servicio impecable. Estamos encantados de compartir esta aventura con usted.

Las raíces de una fe: El mártir Pelayo y la fundación
Nuestra historia se remonta al año 925 en Córdoba, con el martirio de Pelayo, un joven de apenas trece años cuyo testimonio conmovió profundamente a su tiempo. Décadas más tarde, en el 966, bajo el reinado de Sancho I de León, la reina Teresa Ansúrez y la infanta Elvira, movidas por la fuerza de aquel legado, persuadieron al monarca para trasladar sus reliquias a León.
Fue este anhelo de honrar su memoria lo que dio vida a nuestro monasterio, Santa María de Carbajal. Desde su fundación, el monasterio se erigió bajo la Regla de San Benito, una norma de vida que ya se observaba con rigor en tierras leonesas desde el año 905 y que definió la esencia de nuestra comunidad.

La odisea de las monjas: Entre Oviedo, Isidoro y Carbajal
Ante la amenaza de Almanzor, nuestras monjas de León, guardianas de las reliquias de San Pelayo, se refugiaron en Oviedo en el año 995, donde permanecerían hasta su regreso.
En 1063, Fernando I y Sancha enriquecieron su iglesia románica al recibir en ella los restos de San Isidoro, confiados a nuestras hermanas tras su vuelta de Oviedo. Más tarde, en 1148, el Emperador Alfonso VII, a petición de la infanta doña Sancha, trasladó la comunidad a Carbajal de la Legua, dando origen al apelativo afectuoso de "carbajalas".

Un regreso secular y la custodia preciosa de los mártires
En el año 1600, las monjas benedictinas de Santa María de Carbajal regresan a la ciudad de León, estableciéndose en el Burgo Nuevo, donde la comunidad reside todavía hoy. Es también aquí donde conservamos la emotiva historia de San Adrián y Santa Natalia.
Adrián, un caballero romano convertido por el ejemplo de los mártires cristianos, proclamó su fe ante el emperador Maximiano, apoyado por su esposa Natalia. Sus restos, tras un largo periplo desde Nicomedia a Bizancio, después a Roma y finalmente a España, reposan preciosamente bajo nuestro altar desde 1878, como un testimonio vibrante de fe y perseverancia.
"El Monasterio de las Benedictinas de León no es solo un lugar de oración, es un libro de historia abierto, una tradición viva que nos enorgullece perpetuar. Cada producto que creamos lleva en sí el eco de estos siglos de devoción, de saber hacer y de un compromiso inquebrantable con la calidad."
Las Benedictinas de Santa María de Carbajal